NOS SERENAMOS
Empezamos la mañana cerrando los ojitos. Ponemos una mano sobre el corazón.
Respiramos lentamente... Tomamos aire por la nariz contando hasta tres... uno, dos, tres. Lo soltamos muy despacio por la boca... uno, dos, tres.
Ahora imaginamos que nuestro corazón es una pequeña luz que Jesús ha encendido. Con cada respiración, esa luz se hace un poquito más grande y llena nuestro cuerpo de paz.
Aflojamos los hombros, relajamos los brazos, las manos, las piernas y los pies. Todo nuestro cuerpo está tranquilo.
Estamos en calma.
Respiramos una vez más, muy despacio.
Sonreímos suavemente, abrimos los ojos y comenzamos este nuevo día con el corazón lleno de paz.
Dios está con nosotros.
EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO....
ESCUCHAMOS
Les mostramos la cruz y preguntamos:
«¿Qué vemos aquí?»
Dejar que respondan: Jesús, una cruz, un corazón…
«Jesús murió en la cruz porque nos quiere muchísimo. La cruz es un signo de amor.
Cuando vemos una cruz podemos recordar: “Jesús me quiere y nunca me abandona”.»


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