VIERNES: UNA MAMÁ LLENA DE AMOR

 

NOS SERENAMOS

Nos ponemos en manos del Padre. 

¡Buenos días! ¡Ya es viernes!

Imaginamos que estamos en un lugar muy tranquilo, lleno de luz suave, es un rinconcito del cielo donde todo es paz, amor y calma. Y en ese lugar tan bonito… Vamos a rezarle a una mamá muy especial, MARÍA, nuestra mamá del cielo y la mamá de Jesús, porque estamos en el mes de mayo, el mes en el que recordamos cuánto la queremos… Abrimos los ojos despacito...

Ya estamos preparados para abrir nuestro corazón y disfrutar de nuestra oración.



En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

                                                 

ESCUCHAMOS  

   


“María, una mamá llena de amor”


Había una vez una chica muy dulce y muy buena que se llamaba María. Tenía un corazón lleno de amor. Un día, mientras estaba tranquila, vino un ángel del cielo a visitarla y le dijo algo precioso: que iba a ser la mamá de Jesús. María sonrió, puso su mano en el corazón y dijo que SÍ, porque quería mucho a Dios y confiaba en Él.


Desde ese momento, María empezó a cuidar a Jesús dentro de su barriguita con muchísimo amor. Le hablaba bajito, le cantaba y lo acariciaba con ternura. Estaba muy feliz porque sabía que su bebé era muy especial.

Cuando nació Jesús, María lo cogió en sus brazos con muchísimo cariño, lo arropó suavecito y le dio muchos besitos. Lo miraba con ojos llenos de amor, como hacen todas las mamás cuando ven a su bebé.

Jesús fue creciendo, y María lo cuidaba cada día con mucha paciencia y dulzura. Jugaba con él, lo abrazaba fuerte cuando lo necesitaba y le enseñaba a querer, a compartir y a hacer el bien. María era una mamá muy, muy cariñosa.

Un día, en una fiesta, María vio que unas personas estaban preocupadas. Ella, que siempre se daba cuenta de todo, quiso ayudar. Habló con Jesús con mucha confianza, y gracias a eso todo terminó bien. María siempre pensaba en los demás y quería que todos estuvieran contentos.

También hubo días tristes, en los que Jesús sufrió, y María sintió pena en su corazón. Pero nunca, nunca lo dejó SOLO. Estuvo a su lado, acompañándolo con un amor muy grande, como solo una mamá sabe hacerlo.

Y aunque ahora María está en el cielo, nos quiere muchísimo, nos cuida, nos escucha cuando le hablamos y nos abraza con su amor, aunque no la veamos.

  




REZAMOS

Si cerramos los ojos y ponemos la mano en el corazón, podemos decirle muy despacito: “María, mamá buena, te quiero mucho… cuídame siempre.”   


NOS DESPEDIMOS      

Madre Divina Pastora, ruega por nosotros. 

San José de Calasanz, San Faustino Míguez y Beata Victoria Valverde, rogad por nosotros. 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. 







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