NOS SERENAMOS
Vamos a cerrar los ojos y respirar despacio, imaginando que somos una nube suave y ligera.
Cogemos aire suavemente y sentimos como el viento de Dios nos eleva con cuidado, ahora expulsamos el aire lentamente y dejamos que Jesús nos lleve en sus brazos.
Flotamos tranquilos en el cielo azul, sabemos que Jesús nos cuida desde el cielo y nunca nos deja solos.
Su luz nos abraza y nos llena de paz y alegría, como una nube suave que vuela sin miedo.
Ahora movemos despacio las manos y los pies, y abrimos los ojos. “Gracias, Jesús, por ser mi guía y mi paz”.
EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPIRITU SANTO. AMÉN.
ESCUCHAMOS
Sal de la tierra y luz del mundo - Mateo 5, 13-16
Jesús nos dice algo muy bonito.
Nos dice que cada uno de nosotros es sal y es luz.
La sal da sabor a la comida,
y la luz nos ayuda a ver cuando está oscuro.
Así también nosotros, con nuestras buenas acciones, podemos hacer el mundo más bonito.
Cuando compartimos, ayudamos y somos buenos amigos,
la luz de Jesús brilla en nosotros.
REZAMOS JUNTOS
Jesús,
gracias porque nos llamas
sal de la tierra
y luz del mundo.
Ayúdanos a hacer el bien cada día,
a compartir, a ayudar y a amar.
Que nuestras buenas acciones
hagan brillar tu luz
y alegren el corazón de Dios.
Amén.

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